Televisión

marzo 28, 2022

El melodrama Leonela al servicio de la cultura de la violación

En la tele muestran una manifestación realizada en Buenos Aires en apoyo a una víctima de violación. En estos días los casos se replican a montones. Todos los medios los reflejan, aunque algunos más escandalosamente que otros. Es la era del show. Pareciera que no hay otro modo de hacerlo más que éste. La multiplicación de la espectacularización de la agresión hacia la mujer ha anestesiado la reacción social.  Aunque a mí (y a tantxs más) no del todo. Siento cierta desazón. Mucho ruido televisivo y pocas nueces porque, como dije, de todos modos los casos no cesan.

Uso el control remoto y reposo en otra isla absurda. “No hubo consentimiento”, explica en un programa gemelo de tantos de su tipo (donde abundan los sabelotodxs), un especialista en la materia. Y otra vez me quema la indignación. ¿Todavía es necesario diferenciar el sexo de la violación a través de esa palabra? Resultaba lógico en los ochenta, cuando la ESI ni siquiera era un horizonte para las personas de a pie pero en 2022 se vuelve intolerable. Lo siento casi surrealista.

A mí nunca me hablaron del consentimiento. Y no me refiero a que no se le daba demasiado importancia en la escuela a la que iba o a que en mi familia el sexo era tabú. Nunca (de los nuncas más demoledores) me hablaron sobre ello. Ni a mí ni a nadie de mi generación.

Ante esta ausencia marcada (que se asemejaba a un agujero negro incomensurable en el cual la eduación sexual solo implicaba la descripción de los órganos genitales), de niñxs nos quedaba como única opción seguir las huellas de lxs más grandes o intentar captar las señales (dejadas al descuido por lxs adultxs) que parecían decirnos cómo era la cosa en términos de vínculos afectivo-sexuales. En ese contexto había un único objeto fetiche que se ubicaba como protagonista de la escena sin un rival que pudiera opacarlo: la televisión.

Aunque tenía preponderancia en la vida de las personas que atravesamos los ochenta, su oferta era, si se quiere, escasa. Sólo un par de canales y programación desde el mediodía hasta la medianoche. Y durante la crisis energética de fines de la década, las horas al aire eran menos todavía. Aún así, la tele se las arreglaba bien para construir o reproducir ideas y modelos sobre la vida emocional y sexual que marcarían nuestra vida. ¿Su producto más popular? La bendita, denostada y renombrada (todo al mismo tiempo) telenovela latinoamericana. No había un horario designado de antemano para seguir esas historias rosas: estaban las de la siesta y también las de la tarde. Y cerca de la noche había algunas más. Por unanimidad de las autoridades de las emisoras, la televisión diurna le pertenecía al melodrama.

Innovar la telenovela para que todo siga igual


Leonela-Mayra Alejandra y Carlos Olivier-El melodrama televisivo al servicio de la cultura de la violación

Escena de la telenovela Leonela. Fuente: Perú 21

Si bien las había de origen argentino y mexicano, durante la segunda mitad de la década las telenovelas que más revuelo produjeron fueron las venezolanas. Eran las vedettes: destacaron y transformaron en estrellas a actores y actrices extranjerxs desconocidxs como Grecia Colmenares y Carlos Mata. Y si bien todas sus tramas, en alguna medida, justificaban la desigualdad de género en sus múltiples versiones, hubo una que se llevó el premio a la más polémica, quizás porque detrás de esa historia melodramática se escondía cierta apología del delito: Leonela. Interpretada por Mayra Alejandra y Carlos Olivier, aunque grabada en 1983 y 1984, se transmitió por canal 9 recién en 1988, alcanzando grandes índices de audiencia a las 3 de la tarde y dejando huella en toda una generación. 

Si bien por aquellos años yo apenas comenzaba la primaria, aún recuerdo escuchar en reiteradas ocasiones a mis parientes adultxs, en medio de un festejo familiar, burlarse de la escena que daba pie al argumento de la historia.

– La están persiguiendo y no tiene mejor idea que meterse en el mar.

En ese tiempo, la respuesta de lxs demás era (lo recuerdo muy bien) una carcajada generalizada. Y el paso hacia otro comentario gracioso no se hacía esperar, como si aquellas palabras no fueran más que ráfagas sin relevancia dentro de una conversación cotidiana y superficial.

La escena a la que se referían mis parientes (y que aparece en el primer capítulo de la telenovela) presenta, simple y descarnadamente, una violación. La violación de Leonela, la protagonista de la tira de la siesta. Pedro Luis, su contrafigura, un plebeyo de la sociedad caraqueña, bajo los efectos del alcohol decide cobrarle a la joven (una abogada proveniente de una familia acaudalada) la humillación a la que lo había condenado Otto (el arrogante novio de Leonela) la noche anterior.

El abuso del que parte la narrativa nada tiene que ver con un “impulso sexual irrefrenable” ni con “equivocaciones” respecto a la comunicación no verbal (y verbal, tal vez) entre personas, argumentos absurdos que, por lo demás, se podrían discutir hasta el cansancio. Por el contrario, este hecho desencadenante que funciona como ataque no es más que el perjuicio (si podemos llamarlo así) que le infringe un hombre a otro al ver herido su orgullo como tal. Una venganza que Pedro Luis ejecuta sobre lo que él (y el otro también) consideran un objeto de propiedad: la joven abogada. Se trata sencillamente de la utilización de un cuerpo (el de Leonela) como modo de ejercer poder sobre otro. Un mensaje de dominación. El hombre en cuestión abusa de la protagonista con el único objetivo de reafirmar su masculinidad. 

Escena de la violación sufrida por Leonela. Fuente: Historias y recuerdos cine y tv

¿En qué cabeza retorcida podría pensarse un hecho de tal naturaleza como el punto de partida de una historia de amor? Se le ocurrió a Delia Fiallo, la prolífica escritora cubana, pero podría haberlo ideado cualquiera simplemente porque el consentimiento de la mujer no era algo que importara en esa época.

La espectacularización de la misoginia en la TV argentina


Leonela. Interpretada por Mayra Alejandra y Carlos Olivier, aunque grabada en 1983 y 1984, se transmitió por canal 9 recién en 1988, alcanzando grandes índices de audiencia a las 3 de la tarde y dejando huella en toda una generación.

Fuente: Mi blog de cine y tv

Luego de ese hecho traumatizante (algo que se vislumbra en las palabras y acciones de la protagonista a lo largo de los capítulos), Leonela oculta la agresión sexual por un tiempo hasta que un embarazo inesperado la obliga a relatar lo sucedido, lo cual tiene sus consecuencias. Otto la abandona (no sin antes repudiarla, claro) y su tío Joaquín Machado (quien tampoco anda en buenos pasos) envía a los chicos malos de turno para poner en su lugar a Pedro Luis (¿de qué otra manera podría hacerlo más que utilizando la fuerza?). Esto último desencadena un asesinato en defensa propia ejecutado por el protagonista, quien por esa razón (y no por el abuso) termina preso por más de una década en una oscura cárcel de Caracas, donde dedica su tiempo a estudiar derecho.

Mientras tanto, Leonela descarta realizarse un aborto y decide entregar al bebé (llamado Pedrito, como su padre) en adopción. Con los años se arrepiente de ésto pero ya no hay marcha atrás: su misión conciliadora parece imposible ya que Pedrito no crece en un orfanato o con una familia adoptiva sino bajo los cuidados de Nieves María (la cuñada de Pedro Luis) quien obstaculiza el reencuentro durante toda la trama. Este inesperado giro dramático responde a la evolución del personaje principal: de abusador a padre abnegado cuya única preocupación es mantener a Pedrito en su familia mientras cumple su condena. ¿Es verosímil? Para Fiallo pareciera que sí ya que introduce un elemento externo al que señala responsable de lo que el protagonista define como un error y no un abuso: el exceso de alcohol. En otras palabras: Pedro Luis no es malo, sólo se emborrachó.

Los finales felices del melodrama… ¿eran los de antes?


Leonela. Interpretada por Mayra Alejandra y Carlos Olivier, aunque grabada en 1983 y 1984, se transmitió por canal 9 recién en 1988, alcanzando grandes índices de audiencia a las 3 de la tarde y dejando huella en toda una generación.

Fuente: Venelogía

Con el paso de los capítulos, luego de la salida de Pedro Luis de la cárcel, se vuelven preponderantes dos líneas argumentales que se entrelazan por momentos:

– La lucha de Leonela para ser perdonada por su hijo.
– Las idas y vueltas entre los protagonistas en el contexto de los tribunales, en los cuales ambos ejercen como abogadxs.

Aunque hoy parezca aberrante, Leonela se enamora de su violador y se casa con él. Y si bien ese ya de por sí es un final difícil de digerir, la autora va por más: después de la unión conyugal no hay un cierre como el que nos tiene acostumbradxs el género televisivo sino que el martirio de la protagonista se prolonga un poco más. ¿De qué manera? Con la imposibilidad de la joven para consumar el matrimonio, algo tan lógico como (esta vez sí) verosímil. Porque, ¿quién podría imaginarse enamoradx de su abusador/a?

Lo que debería pensarse como un trauma postraumático propio de una víctima de abuso es reflejado en la historia como una falla de Leonela quien debe soportar las infidelidades de su (ahora) esposo, furioso por su falta de cumplimiento con sus deberes maritales. Es el horror lo que atormenta a la protagonista, y no otra cosa. Pero lejos de lo esperable, el daño sufrido que amenaza con los finales felices del género telenovelesco se subsana simplemente con una acción de la víctima. La autora la posiciona como única responsable de su trauma, como si el abuso que lo originó, en algún punto, tuviera que ver más con ella que con la voluntad del perpetrador. Y así es como Fiallo clausura la trama: Leonela supera el miedo mágicamente (como una muestra de que el amor todo lo puede) y finalmente se entrega a los brazos de su violador como si nada hubiera ocurrido.

En Venezuela esta historia no pasó desapercibida: fue exitosa y polémica en partes iguales. En Argentina, se coló entre las decenas de telenovelas extranjeras sin sobresalir más que por la “tonta escena” con la que inicia. Porque era eso, en definitiva, lo que habían querido decir mis parientes y, con seguridad, lxs televidentes que la siguieron por aquellos años. En el fondo, Leonela tal vez no quería escaparse del todo. O no se defendió lo suficiente. O quizá (y era lo más probable según sus perspectivas misóginas y sexistas) se lo había buscado por salir a pasear sola, de noche, con ese vestido blanco que desafiaba la imaginación. Al igual que la víctima de violación que me acaba de mostrar hace un rato el noticiero de las 7.

MELODRAMA: es un subgénero que se originó alrededor de 1790 en Francia e Inglaterra y que consiste en historias que abordan temáticas como el amor y las relaciones sentimentales de manera exacerbada. El gran Martín Barbero dijo con lucidez: “ningún otro género, ni el de terror (…) ni el de aventuras (…) ha logrado cuajar en la región (Latinoamérica) como el melodrama. Como si en él se hallara el modo de expresión más abierto al modo de vivir y sentir de nuestras gentes”.
ATAQUE: se refiere a una escena desencadenante, un hecho que cuando se anuncia o se produce cuenta de qué va a tratar la historia y cuál será el conflicto principal.
GIRO DRAMÁTICO: es un cambio en la sucesión de acontecimientos de una trama que cambia drásticamente el objetivo de los personajes. Puede estar al final aunque también puede encontrarse en la mitad y dar un impulso a la historia.

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  1. MArina dice:

    Mientras desayunaba pensaba que mucho más cerca en el tiempo, Florencia Bonelli refiere a violaciones y luego amor entre los protagonistas. Si no me equivoco en Bodas de Odio, y en Marlene mucha violencia. Quizás por la ambientación en otra época, pero de todos modos chocante. Hace años q no leo nada de ella, no se si habrá cambiado si enfoque

    • Julieta dice:

      No la conozco, pero la googleé y la describen como una autora de novelas románticas. Esa palabrita ya me hace pensar desde qué lugar habla (pero debería leerla antes de juzgarla, es cierto). De todos modos, queda mucho trecho en términos de desnaturalizar la diferencia de género. Lamentablemente todavía tienen mucha llegada y aceptación ficciones que reproducen representaciones y modelos patriarcales. Queda mucho por hacer…

  2. Marina dice:

    Nunca la vi pero me alcanzó la historia que contás para meterme el horror de la trama! Creo q hace no muchos años una serie comenzaba así, pero la trama giraba en torno a la venganza de la protagonista violada.

    • Julieta dice:

      Seguramente te referís a “Entre caníbales”. La transmitieron por el 2015. Quizá ahí la diferencia es, además de la venganza, que uno de los violadores (la abusaron en grupo) es el villano y no el galán de la historia. Igualmente, Leonela está subida a YouTube completamente y los comentarios que dejan en pleno 2022 quienes la miran por ese canal son increíbles. Son fans de lo que viven como “una historia de amor”. pleno 2022.