Serie web

agosto 25, 2022

Un fin de semana de drama con la serie web Perla negra 2.0

Es diciembre de 1994. Atrás quedan meses vertiginosos caracterizados por las expectativas de la reforma constitucional y el horror ante el atentado a la AMIA, segundo de su tipo en nuestro país. Pese a este pasado apenas pisado, no es difícil adivinar que se acerca un verano con programas desde la playa y hits musicales fugaces mientras se espera por las elecciones del próximo año sin mayores preocupaciones.

En la TV argentina (y en la vida) todo transcurre rápidamente y sin dolor. Es la era menemista. A nadie parece molestarle, menos a una adolescente como yo, encargada de grabar durante las acaloradas noches de enero de 1995 la nueva telenovela de Andrea del Boca mientras mi tía disfruta de sus vacaciones en Río de Janeiro.

No entiendo mucho la trama cuando la registro en la antigua videocasetera. Apenas le presto atención. Casi no he visto ficciones de la actriz y tampoco logro visualizar la importancia que tendrá el programa años después. Pero así será. Y mi tía, sin saberlo, no quiere perderse ni un solo capítulo.

A la distancia puedo distinguir que nada de aquel fenómeno fue casualidad. Como era su costumbre, en enero del año anterior Alejandro Romay (dueño de canal 9) había puesto en funcionamiento ciertas estrategias para recuperar el liderazgo de sintonía perdido frente a un Telefé que arrasaba con todo desde el principio de la década. No se equivocó.

Si bien el zar de la televisión nunca logró su cometido, por ese entonces su decisión de colocar una telenovela en el prime time nocturno no solo convirtió a Más allá del horizonte (protagonizada por Grecia Colmenares y Osvaldo Laport) en un éxito, sino que también rompió con la idea de transmitir una tira diferente cada día. Al menos durante esa hora, dicho melodrama logró ganar en rating y prestigio e instalar una tradición que se mantuvo por muchos años más.

Como era de esperar, la propuesta rupturista de Romay no pasó desapercibida y tuvo respuesta inmediata. El director artístico de ese momento del ex canal 11, Gustavo Yankelevich, tomó nota de lo que sucedía en la competencia e intentó repetir la fórmula al transmitir de lunes a viernes a partir de diciembre de ese mismo año una única ficción: Perla negra.

Escena de la muerte del abuelo de Eva, en la versión de 1994 y en la serie web. Fuente: Frann Gabi

La historia tenía todo para brillar: un horario que impulsaba el crecimiento de la audiencia, un autor como Enrique Torres, que ya tenía en su haber varios éxitos (Celeste, Antonella y Nano, entre otros) y una figura con vigencia y amplia trayectoria en el género. Por supuesto, ocurrió lo que se sospechaba. El programa se impuso en su franja y le permitió a Andrea del Boca, la heroína de la tira, alcanzar el mayor éxito de su carrera como actriz.

Además de recorrer el mundo y ser doblada en varios idiomas, la ficción supo tener varios remakes (mexicano, brasileño y estadounidense), por lo que la noticia de que se haría una nueva versión en 2021 (esta vez con Anna Del Boca, hija de la actriz, como protagonista) no sorprendió a nadie, hasta que se dio a conocer el formato en el cual se lanzaría.

Así fue como, de la mano de su autor y a través de un canal de YouTube que la transmitió de manera gratuita, llegó Perla negra 2.0 para revolucionar un género que, por momentos, parece fuera de época pero que siempre termina por sorprender debido a su adaptabilidad y la universalidad de los tópicos que plantea.

Los orígenes de la telenovela


Andrea del Boca y María Rosa Gallo en una escena de Perla negra de 1994. Fuente: Mía FM

Jesús Martín Barbero, relevante teórico de la comunicación,  señaló alguna vez que “ningún otro género, ni el de terror (…) ni el de aventuras (…) ha logrado cuajar en la región (Latinoamérica) como el melodrama. Como si en él se hallara el modo de expresión más abierto al modo de vivir y sentir de nuestras gentes”, algo que la historia de los medios no desmiente en absoluto. Al día de hoy, es un discurso representativo de América Latina que mueve caudales significativos de dinero a través de su industrialización y distribución al resto de los continentes (principalmente Europa y Asia) y que convierte en estrellas mundiales a sus intérpretes en un abrir y cerrar de ojos.

Pero el género melodramático, caracterizado por un lenguaje exagerado y sentimientos universales, no nació con la televisión ni mucho menos con la radio. Su origen en Argentina se remonta, en realidad, a los folletines de principios del siglo XX que estaban dirigidos a un público apenas alfabetizado. De acuerdo a los diferentes medios que lo tomaron como propio, fue mutando formas y contenidos respondiendo a las particularidades de cada uno hasta la actualidad.

Sin embargo, su matriz supo mantenerse intacta en ciertos aspectos. Independientemente del soporte utilizado, se caracterizó desde siempre por su serialidad ya que cada final de capítulo mantiene el suspenso de la historia hasta el próximo. También evidenció desde sus inicios un vaivén entre la repetición de personajes y situaciones que lo vuelven de fácil reconocimiento y la innovación, que viene representada por elementos nuevos dentro de un discurso bien conocido por el público.

Con los avances tecnológicos y los nuevos formatos empleados fue transformándose, es innegable, pero nunca perdió su función central como transmisor de valores, representaciones e ideas y, en ese mismo sentido, como discurso reforzador de la identidad nacional y regional. En cuanto producto popular, logra moldear sentires y prácticas cotidianas que por lo general van en concordancia con el orden cultural hegemónico, aunque también puede romper con él y dar lugar a nuevas construcciones sociales si se lo propone.

En la TV argentina, luego de su invención, la telenovela tuvo su auge a partir de mediados de los años cincuenta. En el libro Telenovela, ficción popular y mutaciones culturales publicado en 1997, el semiólogo Oscar Steimberg reconoció en su existencia tres fases: la primera, muy vinculada con las temáticas de los folletines y los procedimientos melodramáticos; la segunda, a partir de la década de 1970, incluyó cambios y conflictos sociales de la época; la tercera, desde 1990 en adelante, estuvo caracterizada por el cruce de géneros y la multiplicidad de subtramas.

Es dentro de esta última etapa donde se ubica a Perla negra, que contó con una treintena de personajes (interpretados por actores y actrices de primera línea como María Rosa Gallo, Rita Terranova y Norberto Díaz, entre otrxs), una protagonista irreverente y combativa y segmentos cómicos no convencionales para el género que provocaron una ruptura significativa con las historias a las cuales la reconocida actriz le había puesto el cuerpo hasta el momento.

Si bien las heroínas que había encarnado Andrea del Boca venían rompiendo lentamente desde antes con los moldes de la figura frágil, incapaz de actos innobles y con soberbia capacidad para perdonar al galán de turno, Perla supo ir más allá. Lejos de la ingenuidad de Estrellita (la campesina misionera que hablaba con un insólito e inverosímil acento en Estrellita mía) y la sensibilidad de Celeste (en Celeste y Celeste, siempre Celeste), Perla Montefiori Márquez se mostraba arrebatada y graciosa como la inolvidable Antonella (protagonista de la tira homónima) pero aún más aguerrida y vengativa que ella.

Probablemente estas características -un tanto inusuales en una protagonista de melodrama-, entre otros factores, hicieron que el programa no pasara inadvertido para la audiencia y alcanzara rápidamente los cuarenta puntos de rating en el horario central del canal líder de por aquel entonces.

Parte del elenco de Perla negra 2.0. Fuente: Cadena 3

Perla negra vs. Perla negra 2.0


En la versión original de 1994, la historia comienza cuando una mujer distinguida y misteriosa abandona a una niña de pocos meses en un internado exclusivo. Un collar con veintiún perlas negras es el objeto que cubrirá los gastos de sus años de educación, por lo que la directora del colegio la bautiza con el nombre de Perla.

Los años pasan. La protagonista se vuelve amiga entrañable de Eva Pacheco Huervo, quien siendo huérfana de padre y madre, vive en el lugar sin tener contacto con su familia hasta que muere su abuelo, un poderoso empresario, y le hereda su fortuna. En paralelo, conoce a Tomás Alvarez Toledo (todos personajes con doble apellido, en clara referencia a una posición social de privilegio), de quien queda embarazada pero la relación no prospera.

Lo que sigue parte de un malentendido no del todo verosímil pero que resulta lo suficientemente potente como para darle impulso a la trama. Cuando ambas mujeres viajan a Buenos Aires por cuestiones de la herencia, tienen un accidente vial que provoca el fallecimiento de Eva. En la clínica, Perla es confundida con ella por cierto parecido físico, lo que le da pie para hacerse pasar por su amiga y así vengarse del hombre que la abandonó en el pasado.

La tira se completa con numerosos personajes que construyen diversas subtramas, a veces igual de interesantes para la audiencia que la principal. No faltan familiares directos y políticos de los protagonistas con recorridos personales e incluso el personal doméstico cuenta con su propia historia, algo no tan habitual por esos años a no ser que la empleada sea la protagonista del melodrama.

¿Es posible adaptar el guión de una telenovela a una serie web sin perder la esencia?  Torres pareció, en principio, encontrar la fórmula. Para llevar adelante la tarea titánica de narrar lo mismo en un nuevo lenguaje, transformó doscientos capítulos de una hora en veinte episodios de quince minutos divididos en dos temporadas que pueden verse en solo un fin de semana, lo que implicó un gran desafío narrativo.

Para lograrlo, debió:

  • Eliminar la mayoría de las subtramas.
  • Reducir drásticamente la cantidad de personajes. De una veintena pasaron a ser menos de diez de un plumazo.

Spot promocional de Perla negra 2.0. Fuente: AN Producciones

Esto trajo consecuencias lógicas: mayor protagonismo de las figuras centrales y condensación de personajes. Ya no hay historias paralelas ni enredos tan importantes. Toda la atención se la lleva la trama principal, la cual no resulta del todo verosímil si se tiene en cuenta la usurpación de identidad que comete Perla ya que en tiempos de redes sociales resultaría imposible de conseguir.

En paralelo, sin embargo, el autor supo absorber elementos de la coyuntura y del nuevo medio y ponerlos en juego a favor del relato:

  • Incorporó conceptos que son propios de la época actual. Tomás, por ejemplo, no es empresario como en la original sino youtuber y Perla, con el pañuelo verde identificatorio de la lucha por el aborto legal en su muñeca, se declara abiertamente feminista en numerosas ocasiones.
  • Utilizó un estilo musical como el rap que, si bien ya existía en 1994, no se hallaba tan difundido en nuestro país como ahora. Ese recurso, usado por el fantasma de Eva, convierte las escenas de su aparición frente a Perla en segmentos más cómicos, frescos y graciosos que los de la primera versión.
  • Colocó a la protagonista como narradora. Eso incluye romper la cuarta pared, tal como se dice en el teatro, y hablar a cámara en infinidad de oportunidades.

Pese a estas innovaciones, y al contrario de lo que podía esperarse, la historia de amor entre Perla y Tomás no sufrió grandes modificaciones y la dinámica de coqueteo se mantuvo intacta, la misma que hacía reír y enamorar a lxs televidentes en los años noventa, con todo lo que ello implica en otro contexto social.

Y es que Tomás, el partener, es tan machista y misógino como en la versión televisiva. Si bien estas características no son presentadas como aspectos atractivos, no deja de tenerlas. Quizá por eso el autor, como contrapunto y buscando una forma de compensar, construye una Perla (esta vez interpretada por la hija de Del Boca) invadida por el avance feminista de los últimos años de manera más determinante que en el personaje de 1994. Pero ese rasgo no puede revertir un desenlace cantado.

Aunque el galán evidencia cierta violencia en su trato con las mujeres (varios personajes de la tira lo ponen en evidencia), ello no impide el supuesto final feliz con el que nos tiene acostumbradxs el género.

Con todo, Perla negra 2.0 no deja de ser un melodrama clásico y conservador adaptado a los medios digitales. Será que falta tiempo para que el género se anime a dar pasos más significativos y logre estar a la altura de los tiempos que corren. Una lástima.

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.